
Y quiero tejer mis horas-tus horas-destiempo, sobre tu cuerpo templado y templo del pecado ortodoxo en que evas mastican el fruto prohibido, el fruto del fin, el fruto del ser mortal.
Y allí mueren mis labios, allí arrastro mi deseo-condena y desaparecen los fantasmas. Mientras espero a que trepes y escales mi espalda, mientras siento tus movimientos, músculo de cualquier niño que siempre jugaría un rato más, un rato más.
Juego de horas e hilajes salivales que forman el fango de mi deseo degenerado y generado en vos.
Y mientras sientan de abrigo mis piernas tu cuello. Mientras el exilio del cuerpo que ya se ha saciado, prolongue la ida y renueve su vuelta. Descargo la última energia latente. Electricidad.
Cigarrillo rubio que ya no se consume en mi boca, porque esa boca nítida sólo busca el principio de tu respiración caliente.
Se engendra la líbido cuanto más dedos se esconden entre el desorden de tu pelo.
Tu verbo carne, lenguaje adicto.